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María Moliner (Lengua)

MARÍA MOLINER

María Moliner María Moliner nació en Paniza (Zaragoza) el 30 de marzo de 1900, en un ambiente familiar acomodado, en el que los tres hijos que superaron la infancia cursaron estudios superiores.

La familia se trasladó a Almazán (Soria) y después a Madrid. En la capital, María, junto con sus hermanos, estudió en la Institución Libre de Enseñanza, donde fue don Américo Castro quien suscitó el interés por la expresión lingüística y por la gramática en la pequeña María.

Tras los estudios de bachillerato, entre 1918 y 1921 cursó la Licenciatura de Filosofía y Letras en la Universidad de Zaragoza (sección de Historia) obteniendo una calificación de sobresaliente y Premio Extraordinario.  

En 1922 ingresó por oposición en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, y obtuvo como primer destino el Archivo de Simancas

Tras una breve estancia en Simancas, María Moliner pasa al Archivo de la Delegación de Hacienda de Murcia. Será en esa ciudad donde conocerá al que fue su marido, D. Fernando Ramón y Ferrando, catedrático de Física. La pareja contrae matrimonio en Sagunto, el 5 de agosto de 1925. Es la unión  de dos intelectuales comprometidos con su vocación y con la sociedad en la que viven.  

A principios de los años treinta, la familia se traslada a Valencia, es la etapa de su mayor plenitud vital. Allí nacen sus dos hijos pequeños y, mientras se encarga de la atención de la casa, continúa desarrollando su vida profesional y comienza su participación en las empresas culturales que nacen con el espíritu de la II República.  

Destaca su colaboración  en la Escuela Cossío, inspirada claramente en la Institución Libre de Enseñanza. María Moliner enseñó en ella Literatura y Gramática, y, además, formó parte de su Consejo Director, como vocal, y de la Asociación de Amigos para su apoyo, como secretaria. 

Prestó asimismo, su colaboración a las Misiones Pedagógicas de la República, ocupándose de la  organización de las bibliotecas rurales. De hecho, escribió unas Instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas, que se publicaron sin nombre de autor en Valencia en 1937. Estas indicaciones fueron muy apreciadas, tanto en España como en el extranjero, y su presentación preliminar —«A los bibliotecarios rurales»— constituye un sólido testimonio de la fe de la autora en la cultura como vehículo para la regeneración de la sociedad. 

En esta etapa de su vida ocupó puestos importantes de responsabilidad en el terreno de la organización de las bibliotecas populares.

En septiembre de 1936 fue llamada por el rector de la Universidad de Valencia para dirigir la Biblioteca Universitaria, pero, ya en plena guerra civil, a finales de 1937, hubo de abandonar el puesto para entregarse de lleno a la dirección de la Oficina de Adquisición y Cambio Internacional de Publicaciones y para trabajar como vocal de la Sección de Bibliotecas del Consejo Central de Archivos, Bibliotecas y Tesoro Artístico.

La lucidez y capacidad organizativa de María Moliner van a quedar plasmadas en las directrices que redacta como Proyecto de Plan de Bibliotecas del Estado, las cuales se publicarán a principios de 1939. 

Al término de la guerra civil tanto María como su marido y amigos sufren represalias políticas. Muchos de ellos se exilian. Su esposo es suspendido de empleo y sueldo, trasladado a Murcia y rehabilitado en Salamanca a partir de 1946, donde permanecerá hasta su jubilación en 1962.  

Por su parte, María Moliner es depurada y sufre la pérdida de 18 puestos en el escalafón del Cuerpo Facultativo de Archiveros y Bibliotecarios, aunque los recuperará en 1958. En 1946 pasará a dirigir la biblioteca de la E. T. Superior de Ingenieros Industriales de Madrid hasta su jubilación, en 1970. 

En esta nueva etapa de su vida, particularmente cuando se instala en Madrid, criados ya sus hijos y separada físicamente de su marido una buena parte de la semana, María Moliner encontrará el tiempo para dedicarse a su interés intelectual más profundo: la pasión por las palabras.  Será entonces cuando comience, hacia 1950, el Diccionario de Uso del Español que publicará la Editorial Gredos entre los años 1966 y 1967 en dos volúmenes; comenzó su empresa con la intención de obtener unos beneficios que ayudasen a uno de sus hijos a financiar una clínica. Pensó que cinco años serían suficientes para concluir el trabajo, pero finalmente se pasó quince frente a su máquina de escribir, su lápiz y su goma de borrar.

Diccionario

El Diccionario ha conocido, en esa primera edición, veinte reimpresiones, ha sido editada en CD-ROM en el año 1995 y reeditada en una segunda edición, revisada y aumentada en 1998, con importantes ajustes sobre la parte gramatical; además incluía nuevos términos acordes con la realidad social y la tecnología, y la incorporación de vulgarismos que, por razones de censura o por decisión personal de la autora, tenían una presencia limitada en la edición de 1966.

El Diccionario de Uso del Español  es, sin duda, uno de los repertorios lexicográficos más importantes de nuestro idioma.

María Moliner representa, sin duda, todo un estilo de "ser mujer en el siglo XX": pertenece al grupo de las pioneras universitarias que ejercen, además, una profesión. Claramente inteligente, y, al mismo tiempo, vigorosamente responsable y generosa para con los demás. Sencilla, espontánea en sus reacciones y elegante, al no ser elegida académica en 1972 (cuya candidatura apoyaban insignes lingüistas como Rafael Lapesa), María Moliner recibió su jubilación tan discretamente como había vivido, gozando con los pequeños detalles cotidianos.

Las notas tristes de sus últimos años fueron la muerte de su marido y su terrible enfermedad. Una arteriosclerosis cerebral la privó de su lucidez desde 1975  hasta su fallecimiento, el 22 de enero de 1981.