Saltar la navegación

Svetlana Aleksandrovna (Literatura - PMAR 3º)

Svetlana Aleksandrova - PMAR 3º E.S.O.

PMAR 3

svetlana

Svetlana Aleksándrovna Aleksiévich  (31 de mayo de 1948) es una escritora y periodista bielorrusa galardonada con el Premio Nobel de Literatura en 2015.

Fue reportera en la prensa de Narowla, en el óblast o provincia de Gómel. Desde sus días de escuela había escrito poesía y artículos para la prensa escolar y también en la revista literaria Neman de Minsk, donde publicó sus primeros ensayos, cuentos y reportajes.

 




Su obra es una crónica personal de la historia de los hombres y mujeres soviéticos y postsoviéticos, a los que entrevistó para sus narraciones durante los momentos más dramáticos de la historia de su país, como por ejemplo la II Guerra Mundial, la Guerra de Afganistán, la caída de la Unión Soviética y el accidente de Chernóbil. Enfrentada al régimen autoritario y la censura del presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, abandonó Bielorrusia en el año 2000 y estuvo viviendo en París, Gotenburgo y Berlín. En 2011 Aleksiévich volvió a Minsk. Varios libros suyos fueron publicados en Europa, Estados Unidos, China, Vietnam e India y recibió el premio Nobel de 2015 siendo la primera escritora de no ficción con este premio en un siglo.

PREMIOS

Desde 1996 ha recibido numerosos premios internacionales, entre otros:

OBRA:

1985   La guerra no tiene rostro de mujer.

1985   Últimos testigos. Los niños de la Segunda Guerra Mundial

1991    Los muchachos de zinc

1993   Fascinados por la muerte

1997   Voces de Chernóbil 

2013   El fin del Homo sovieticus

“LA GUERRA NO TIENE NOMBRE DE MUJER”. SINOPSIS 

La Premio Nobel de Literatura 2015 Svetlana Alexiévich, «la voz de los sin voz», muestra en esta obra maestra una perspectiva de la guerra ignorada hasta el momento: la de las mujeres que combatieron en la segunda guerra mundial.

Casi un millón de mujeres combatió en las filas del Ejército Rojo durante la segunda guerra mundial, pero su historia nunca ha sido contada. Este libro reúne los recuerdos de cientos de ellas, mujeres que fueron francotiradoras, condujeron tanques o trabajaron en hospitales de campaña. Su historia no es una historia de la guerra, ni de los combates, es la historia de mujeres en guerra.

¿Qué les ocurrió? ¿Cómo las transformó? ¿De qué tenían miedo? ¿Cómo era aprender a matar? Estas mujeres, la mayoría por primera vez en sus vidas, cuentan la parte no heroica de la guerra, a menudo ausente de los relatos de los veteranos. Hablan de la suciedad y del frío, del hambre y de la violencia sexual, de la angustia y de la sombra omnipresente de la muerte. Alexiévich deja que sus voces resuenen en este libro estremecedor, que pudo reescribir en 2002 para introducir los fragmentos tachados por la censura y material que no se había atrevido a usar en la primera versión.

 

 “LAS VOCES DE CHERNÓBIL”. FRAGMENTO.

Este libro se publicó en 1997 y recoge los testimonios de muchas personas, muchas mujeres entre ellas, afectadas por la catástrofe nuclear. 

El siguiente fragmento reproduce el testimonio de la joven esposa de uno de los bomberos que perdió la vida a causa de la contaminación radiactiva a la que se vio expuesto durante el ejercicio de su trabajo:

“No vi la explosión. Sólo las llamas. Todo parecía iluminado. El cielo entero. Unas llamas altas. Y hollín. Un calor horroroso. Y él seguía sin regresar. El hollín era porque ardía el alquitrán; el techo de la central estaba cubierto de asfalto. Sobre el que la gente andaba, como él después recordaba, igual que sobre resina. Sofocaban las llamas, y mientras, él reptaba. Subía al reactor. Tiraban el grafito ardiendo con los pies. Se fueron sin los trajes de lona; se fueron para allá tal como iban, en camisa. Nadie les avisó; los llamaron a un incendio normal”.

“LOS MUCHACHOS DE ZINC”. FRAGMENTO.

Entre 1979 y 1989 un millón de tropas soviéticas combatieron en una guerra devastadora en Afganistán que provocó más de 50 000 bajas y acabó con la juventud y la humanidad de varias decenas de miles de soldados más. Los muertos soviéticos volvían a casa en ataúdes de zinc sellados mientras el estado no reconocía ni la mera existencia del conflicto.

 “Los muchachos de zinc” generó una inmensa polémica y mucha indignación cuando fue publicada originalmente en la URSS. En ella la autora, “la voz de los sin voz”, cuenta, entre otras cosas, el sufrimiento que esta guerra provocó en las mujeres, madres, esposas e hijas, aunque no estuvieron en el frente. Como manifiesta Alexiévich, “cuando los hombres volvían del frente empezaba otra guerra dentro de las familias que sufrían, especialmente, las mujeres”. 

En el fragmento que sigue la voz narrativa es la de una mujer, una madre que no solo vivió el miedo a que su único hijo no volviera nunca del frente, sino que después tuvo que afrontar que los terribles daños psicológicos infligidos por la guerra lo hubieran convertido en un asesino. 

“Estoy sola… Me esperan muchos años de soledad… Mi hijo… mató a un hombre. Con un cuchillo de cocina, el que usaba yo para cortar la carne. Acababa de volver de la guerra y de repente asesinó a alguien… A la mañana siguiente volvió a casa y dejó el cuchillo en su sitio, en el armario donde guardo los utensilios de cocina. Creo que ese mismo día le preparé una chuleta… Al cabo de un tiempo, en la tele y en el periódico local salió que los pescadores habían encontrado un cadáver en el lago… Todo cortado en pedazos… Me llamó una amiga:

»—¿Lo has leído? Dicen que es un asesinato profesional… Se nota el estilo “afgano”…

»Mi hijo estaba en casa, tirado en el sofá, leyendo un libro. Yo aún no sabía nada, no tenía ni idea, pero por alguna razón, tras aquellas palabras, le miré… El corazón de una madre…”

PREMIO NOBEL DE LITERATURA 

«[...] por su escritura polifónica, que es un monumento al valor y al sufrimiento en nuestro tiempo.», palabras del Jurado de la Academia Sueca al otorgar a la autora el Premio Nobel de Literatura 2015.

CITAS DE LA AUTORA ELEGIDAS POR LOS ALUMNOS: 

Alberto: “He escogido un género, el periodismo, donde las voces humanas hablan por sí mismas” 

Laura: “ Vivo con el sentimiento de derrota, de pertenecer a una generación que no supo llevar a cabo sus ideas” 

Alejandro: “ He escrito cinco libros pero básicamente, desde hace 40 años cuento siempre la misma historia”

Pablo: “ Pensar en la muerte es como pensar en el futuro; algo le ocurre al tiempo cuando piensas en la muerte. Cuando la observas, al lado del miedo de la muerte está el atractivo de la muerte” 

Kiko: “ Yo rastreo el sentimiento, no el suceso; cómo se desarrollan en casa los miedos, no los hechos”. 

Álvaro: “Las dos palabras más importantes de Rusia son guerra y prisión”